A veces se intuye inexplicablemente un impulso alocado por gritar
mírame
soy
feliz
aunque las palabras sólo pertenezcan a un extraño eco que hiere una mente confusa
perdida en una mañana clara de invierno.
Auto-engaño inflado de soberbia.
Bajo efecto placebo
Hacia el infinito...
viernes, 8 de enero de 2010
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