Bajo efecto placebo

Hacia el infinito...

miércoles, 18 de febrero de 2009

Por fin alguien empieza a merendarse a Facebook...

Cargarse a 10 amigos de una cuenta personal en Facebook a cambio de una hamburguesa gratis. Y punto.

El poder siempre estará en manos de un buen uso de la retórica.... Y la publicidad es la pantalla perfecta de acción del poder capitalista. El concepto de la amistad es en la era postmoderna una simulación más... una palabra que dispersa su significado para acabar perdiendo toda referencia estable. Y, sin embargo, el discurso inaugural de las redes sociales busca claramente lo contrario: convencer a los usuarios de que la amistad se puede catalogar y cuantificar, que es por tanto medible y estable, y que contribuye a la afirmación de una subjetividad de otro modo diluida y ausente en la realidad contemporánea de los seres conectados y tecnologizados.

Si en lugar de una hamburguesa se ofreciera la garantía de dotar de su equivalente nutricional a una niña del 3er Mundo, podríamos observar el verdadero alcance del poder de la red en la creación de identidades ególatras. ¿Quién desearía renunciar a la visibilidad y enfrentarse al riesgo de acabar desapareciendo? Porque ese riesgo es inevitable e irreversible a estas alturas. Y el 3er Mundo queda muy lejos y nos permite por ello seguir viviendo sin remordimientos.

En una entrevista reciente a Hillis Miller, comenta el crítico que efectivamente ya parece sólo posible pensar en plugged-in individuals. Posiblemente no llegue al 1% el porcentaje de personas que caminan totalmente desconectadas, sin ningún tipo de artilugio que suponga una extensión técnica del cuerpo físico. Sin cables, nadie hace ya el esfuerzo de escuchar.

Luego...... la amenaza de la tecnología es real. Poco a poco asimila y transforma nuestra forma de pensar y conceptualizar las emociones, de ver al otro y absorberlo.

Y Facebook logra su objetivo, siendo creado en el momento perfecto..... O sea que una hamburguesa simplemente dará que hablar, pero no podrá acabar con el mecanismo. El enemigo sólo podría ya salir de otras entrañas tecnológicas.

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